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Sistema de Información Gastronómica - Unidad Digestiva es una iniciativa del Centro de Investigación Gastronómica, adscrito a la Universidad de los Alpes, que tiene el propósito de evaluar la oferta gastronómica de los corrientazos.

lunes, junio 04, 2007

La Parrilla de Oro

La semana pasada invité a unos amigos a conocer el restaurante La Parrilla de Oro, ubicada en la CR 4 # 17-94 de la ciudad de Bogotá.

Con orgullo presenté a mis compañeros este espacio que tenía muy dentro de mis afectos ya que mi padre nos llevaba cuando éramos niños, en ese mismo amplio solar en cuyo centro
sobresalía la mítica parrilla de oro.

La atención fue buena, el sabor de la carne exquisito y la velocidad en la atención aceptable, pues había que esperar pacientemente la cocción de las generosas y jugosas porciones de carne. Mientras tanto nos deleitamos con unas deliciosas arepas santandereanas, sin saber el triste desenlace de esta que, hasta el momento, era una feliz tarde de almmuerzo.

Luego de que nos sirvieran las medias porciones que pedimos, de buen tamaño para un almuerzo de entre semana, acompañadas de una yuca muy blanda y papa salada, conversábamos satisfechos acerca de lo buena que estaba la carne mientras nos reíamos de la cara de malgeniada que tenía la dueña. No sabíamos lo que nos esperaba con esta dama, veterana en la administración del local.

Nos levantamos con dificultad debido a que nuestros estómagos estaban bastante ocupados encargándose de procesar las proteínicas carnes.

Cuando fuimos a la caja, hubo una pequeña diferencia de 500 pesos entre lo que decía en la carta que costaba la media porción de baby beef ($7500) y lo que la señora había marcado en la registradora. Esperábamos que mostrándole la carta ella iba a comprender su error, pero no fue así. ¡Se justificó diciendo que los precios de la carta no correspondían con lo que realmente costaba la carne!

A lo lejos se notaba que esas cartas llevaban años de ser impresas, por lo que nos parecía por lo menos surrealista la situación. La señora muy terca prefirió perder para siempre un cliente que visitó su restaurante desde que era un niño antes que reconocer los 500 miserables pesos de diferencia, diciendo que, si no hubiera metido ya la información en la caja registradora, hasta nos hubiera devuelto la plata. ¡Tras de que reconoce su error nos hace ir desilusionados e indigestos!

Esto me hace recordar la primera vez que fui a un Mc Donalds y me entregaron una orden que no había pedido. Al reclamar el dueño se disculpó y arrojó lo que antes me habían dado a la basura, algo aterrador para alguien que vive en un país pobre como el mío, pero sin duda es una imágen que me hizo pensar que ese restaurante era mi amigo y me trataba con respeto, así lo hubiera hecho este señor como táctica de posicionamiento en los primeros meses de existencia de esta cadena en Colombia.

Así que por la terquedad de la administradora digo para siempre adiós a las deliciosas carnes de la Parrilla de Oro, ojalá esos $500 que la señora no quiso devolver le alcancen para compensar la pérdida de un cliente y el fin de una hermosa tradición familiar.

Adiós Parrilla de Oro. Mis nietos no te conocerán.

Restaurante santandereano la Parrilla de Oro, CR 4 # 17-94 2439587