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«Cosas» de burros

Este es un artículo con las «cosas» más simpáticas de los burros. Chistosísimo.

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Acá una noticia tomada del eltiempo.com esta semana:

Un burro le arrancó la nariz a un campesino en Bolívar porque no lo dejo ir a buscar una burra

Los familiares del afectado quieren matar al animal, pero su dueño lo mantiene con vida, protegido en un patio, porque lo utiliza como medio de subsistencia.

El caso ocurrió el sábado en el poblado de Turbana, un pequeño municipio del norte de Bolívar, a 20 minutos de Cartagena por carretera. El labriego Carlos Polo Acevedo, de 48 años, le pidió prestado el burro a su amigo Rafael Flores para recoger agua en unas canecas en el arroyo Mameyal, a pocos metros de sus viviendas.

Según la versión que conoce la hermana del agredido, Rosa Polo, el burro, que ya estaba en manos de Carlos, escuchó un rebusno en la lejanía, al parecer de una burra en calor y el ‘llamado amoroso’ lo ‘encrespó’ en el momento en que estaba siendo dispuesto para cargar agua en sus lomos.

El animal reaccionó violentamente y tumbó de bruces al campesino, quien cuando quiso incorporarse, se dio media vuelta y se encontró con las mandíbulas del ‘platero’ enfurecido en su cara, sin poder reaccionar.

En esos momentos, otros vecinos de la calle El Manatital, donde ocurrieron los hechos, se dieron cuenta y corrieron a salvar a su amigo. Rosa cuenta que el burro no quería soltarle la nariz a Carlos. «Tuvieron que darle una ‘palera’ (golpes con palos) para lo dejara tranquilo. Si no es así mata a mi hermano», dijo Rosa.

A Carlos le tendrán que reconstruir su naríz, pero la operación vale mucho dinero. Su madre, Tomasa Acevedo viuda de Polo, pidió ayuda económica al alcalde de Turbana. El campesino es el sostén de su familia. Diariamente viajaba a Cartagena desde Turbana a vender frutas de temporada en el plaza del mercado público de Bazurto.

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Al parecer Carlos no contaba con seguridad soial. «Mi hermano sólo tenía un papel del Sisben, pero no tiene carné, y parece que eso no le sirve», contó Rosa. La mujer culpa no sólo al burro, sino a los gobernantes de su pueblo que nunca han podido llevarles agua potable. «Por ir a buscar agua es que fregaron a mi hermano», añadió.

Agregó que quiere que se tome una decisión radical contra el burro, porque la familia tiene información que no es la primera vez que agrede a una persona. «Ya ha mordido a otras dos personas en el pueblo», sostiene. El drama también es para el dueño del animal porque, al igual que los Polo, hace parte de una familia pobre y posee al borrico como único medio para ayudar a subsitir. Es el transporte para sus faenas de sembrado en el monte.

«Cómo van a hacer con ese burro, si el dueño lo tiene para traer la yuca a su casa, él vive de su burro», dijo el agente de la estación de Policía de Turbana, Martín Blanquiceth. Agregó que en esos casos se acostumbra a ‘privar de la libertad’ al animal agresor, pero que esta vez no ha ocurrido así. «Otras veces se lleva el animal que ataca a un sitio apartado y después se define si se sacrifica o no», dijo.

Para el agente Blanquiceth lo que queda claro es que «cuando un burro está ‘alborotado’ por el llamado de una burra, mi hermano, es mejor dejarlo que vaya a hacer lo que tenga que hacer».

Si quieres ver la foto pega esta dirección en tu navegador:
http://www.eltiempo.com/nacion/caribe/2007-01-29/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR-3417162.html

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El mismo video con repetición y música apropiada

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Un chiste de burros con moraleja:

Una tarde, el burro y su amigo el ratón, caminaban por la selva sosteniendo una animada charla. Estaban tan distraídos, que el burro no vio las arenas movedizas y cayó en ellas…
Comenzó a dar alaridos:
– ¡Amigo ratón, ayúdame! ¡Ayúdame por favor!
El ratoncito se desesperó; no sabía qué hacer. De pronto, una magnífica idea llegó a su cabeza:
– ¡Espérame un instante, amigo burro, ya regreso!
El ratoncito corrió como loco hasta su casa y sacó su BMW. Raudamente, regresó junto a las arenas movedizas, se bajó del carro y amarró la cola del burro al parachoques del BMW. Se subió, puso primera y arrancó con delicadeza. Después de un par de intentos, logró sacar a su amigo de las arenas…
Todo fue júbilo y fiesta y el burro reconoció que no existía nadie mejor ni más
ingenioso que su amigo el ratón:
– Amigo ratón… ¡tú eres lo mejor del mundo! – le dijo, abrazándolo.
Un año después, caminando de nuevo por la selva en animada charla, fue el ratón
quien se deslizó por las arenas movedizas. Los alaridos se escucharon por toda
la jungla:
– ¡Ayúdame, amigo burro! ¡Recuerda que hace un año yo te saqué de aquí!
De golpe, una idea brillante se le ocurrió al burro… Sacó su enorme miembro y lo depositó sobre las arenas y le dijo al ratoncito:
– ¡Agárrate, amigo ratón! ¡Agárrate fuerte de él y yo te saco!
Con un enorme esfuerzo, el ratoncito logró aferrarse al trolón del burro; éste retrocedió y logró sacar a su amigo. Ambos se abrazaron emotivamente y saltaron de júbilo.

MORALEJA: «SI LO TiENES GRANDE, NO NECESITAS UN BMW»
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Burros Hazmerreir

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Chávez tratando de burro a Bush

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Un ciclista medio burro

Ver también:  Pichirica - El lobizón

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Un piloto de helicóptero que sí es un burro de tiempo completo

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Y para terminar un chiste con burro incluído

En unas ferias y fiestas pueblerinas un hacendado convocó a un concurso: el premio era una gruesa suma de dinero a quien hiciera reir a un burro de su propiedad. Pasaron varios concursantes: uno le hizo cosquillas, otro le contó chistes, le jalaban las orejas, le mordían el rabo, le hacían monerías y nadie logró sacarle una risa al burro.
Por último, un desconocido pidió permiso para intentarlo, se acercó a burrro, le susurró al oido y de pronto el burro se puso inquieto y comezó a reir.
El hacendado a regañadientes antes de pagar el premio retó al ganador a doblar la suma ganada si lograba hacer llorar al burro.
El retado, ni corto ni perezoso aceptó y procedió a acercarse de nuevo a las orejas del burro susurrandole de nuevo algunas frases al burro, quien casi de inmediato comenzó a llorar.
El ganadero no tuvo otra alternativa que proceder a cumplir con su premio, pero llevado de la curiosidad exigió al ganador que contara qué le había dicho al burro.
-Muy fácil, patrón, en la primera vez le dije que yo tenía la mejor profesión del mundo, que yo era maestro y así logré hacerlo reir… luego, al acercármele otra vez le conté cuánto devengo y así logré hacerlo llorar…

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