Ocho chistes de viejitos

Un viejito le dice a otro: «Imagínate que me compré un audífono buenísimo.»
-«¿Sí? ¿Cuánto te costó?»
-«Las 5:30»

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Una viejita le dice a la otra:
-«Mija, estoy tan cansada que se me durmió el fundillo.»
«¡Uy! pero se le durmió tanto que hace unos minutos lo escuché roncar.»

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Un viejito fue al médico y le pidió que le recetara Viagra. El médico le dijo,:
-«No hay problema. ¿Cuántas quiere que le recete?»
El hombre le contestó,
-«Sólo unas pocas, tal vez 4, pero cada una cortada en 4 partes». El doctor dijo:
-«Pero así no le servirá de mucho». El viejito contestó:
-«Claro que sí. Como tengo más de 90 años, no las necesito solamente para el sexo. Las
quiero para que se me estire un poquito más y así no orinarme los zapatos».

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Llega una viejita a la cárcel el dia de la visita conyugal y le dice al portero:
-«Señor, yo vengo a la visita conyugal.»
El portero asombrado le pregunta:
-«Pero señora, ¿con quién?»
-«Con cualquiera, con cualquiera…»

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Llega un anciano de 98 años al médico y le dice:
«Doctor, vengo a que me baje la potencia sexual.»
«¿Cómo?»
«Sí, doctor, vengo a que me baje la potencia sexual.»
«Amigo, la potencia sexual está en la mente.»
El anciano responde mirando hacia la cremallera del pantalón:
«¡Por eso doctor. Quiero que la baje de ahí hasta acá!

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Le dice un viejito al otro:
-«Cuando vas a tener relaciones sexuales, ¿te colocas condón?»
-«¡No!, eso pesa mucho…»

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Una pareja de viejitos va al médico.
«Doctor, ¿entonces nosotros no podemos hacer el amor?»
«No señora, si lo hacen se pueden morir. Es mejor que duerman en cuartos
separados.»
A media noche le tocan a la puerta del cuarto del viejito.
-«¿Quién es?
-«Una viejita que se quiere morir.»

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Una viejita visita al doctor: «Doctor, tengo un problema con los gases, pero
realmente esto no me molesta mucho. Mis flatulencias nunca huelen y son
siempre silenciosas. De hecho, me he tirado como veinte por lo menos desde
que estoy aquí en su oficina y usted no se ha dado cuenta de mis gases
porque no huelen y son silenciosos.»
-«Entiendo. Tome estas píldoras y regrese a verme la semana que viene.»
A la semana siguiente, la ancianita regresa y dice:
«-Doctor, no sé qué diablos me dio, pero ahora mis gases, aunque silenciosos,
huelen terrible. Apestan.»
-«¡Que bien! Ahora que hemos curado su sinusitis, vamos a trabajar sobre su
sordera.»

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