Trabajar con voluntarios del público tiene sus riesgos, especialmente si es un acto de hipnosis que necesita que se duerman y obedezcan tus órdenes.

Este inquieto niño al parecer no quedó bien hipnotizado. Aún dormido sigue matoneando al hipnotista John Milton, que se lo toma con mucho humor.

Al final, consigue que se quede bien quietecito, aunque no logra que cierre la boca.

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